Objetivo

Aunque algunos rankings han merecido serios cuestionamientos de tipo académico por la metodología aplicada, nadie discute la utilidad que ellos prestan, lo que explica su éxito y permanencia. En gran medida, el uso creciente de los rankings se debe a que son fácilmente comprensibles y evitan la búsqueda, a veces laboriosa, de información disponible en otras fuentes. En nuestro país esas fuentes son la Comisión Nacional de Acreditación (CNA); el Ministerio de Educación, el cual dispone de un Servicio de Información de Estudios Superiores (SIES), y el Consejo Nacional de Educación. Estas entidades cuentan con bases de datos de acceso público, pero el uso de las mismas requiere de ciertos conocimientos y experticia. Por esta razón, sus usuarios provienen principalmente del mundo académico.

En la práctica, la inmensa mayoría de los postulantes y sus familias continúan orientando su elección de universidad en la forma tradicional, con pocas bases objetivas, guiándose por consideraciones de prestigio, tradiciones familiares, ubicación geográfica y, de manera creciente, aspectos económicos.

Calidad institucional: prestigio versus datos objetivos

La distribución del Aporte Fiscal Indirecto, AFI (fondos que entrega el Estado a las instituciones con alumnos que obtienen más de 600 puntos en la PSU), muestra que los egresados de la educación media de nuestro país concentran sus preferencias en las universidades más antiguas: la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile. Según este mismo indicador, ambas son seguidas, aunque a bastante distancia, por las universidades Técnica Federico Santa María, de Concepción, de Santiago, Adolfo Ibáñez y Católica de Valparaíso (según tabla de asignación del AFI del Ministerio de Educación).

Sin embargo, ¿es “merecido” el prestigio de estas instituciones en cuanto a la calidad de las carreras que ofrecen? ¿Existen instituciones menos reputadas que están ofreciendo estudios de pregrado de calidad comparable? ¿Hay indicadores objetivos que permitan estimar y comparar la calidad de los programas de estudio que ofrecen las universidades chilenas?

Estas preguntas motivaron la construcción del presente ranking, enfocado exclusivamente en la calidad de la formación de pregrado, es decir, de las carreras profesionales universitarias. Genéricamente, estas carreras se denominan “de pregrado” para diferenciarlas de los estudios más especializados, conducentes a los grados de magíster y doctor, denominados “de posgrado”.

A pesar de la diversidad del sistema universitario chileno y la existencia de ciertos tipos bastante definidos de universidades, sí es metodológicamente válido compararlas a todas entre sí con respecto a la calidad de los programas de pregrado. Es válido porque se trata de una actividad común a todas ellas (la docencia de pregrado), para la cual deben contar con ciertos elementos indispensables, como un cuerpo académico idóneo y una adecuada infraestructura y gestión institucional. En consecuencia, cuando se trata de actividades de docencia de pregrado, es metodológicamente apropiado comparar universidades de perfil “docente” con universidades “de investigación y doctorados”.