Análisis

Al considerar las diversas categorías de universidades y sus rasgos más esenciales, es importante recordar que ninguna categorización puede contener todas las dimensiones inherentes a su identidad y misión o a la cultura universitaria que en ellas impera. Aspectos como la interacción entre estudiantes y académicos, el cultivo de la excelencia y la calidad de su clima laboral son difíciles de objetivar en indicadores concretos; no obstante, son decisivos en cuanto a la coherencia y calidad de los proyectos académicos respectivos.

Los perfiles académicos de los diversos grupos

Un análisis de las diversas características institucionales presentes en las categorías o grupos de universidades que identifica la clasificación de Universitas, pone en evidencia otros hechos que resultan reveladores de una cierta “tipología institucional”.

Por ejemplo, la categoría “universidades docentes” está integrada exclusivamente por instituciones creadas después de 1980. La gran mayoría de ellas son privadas; las únicas excepciones son las universidades de Atacama y de Playa Ancha, ambas estatales y pertenecientes al Consejo de Rectores. Las universidades docentes muestran los valores promedios más bajos del sistema para indicadores significativos, como: porcentaje de estudiantes que generan Aporte Fiscal Indirecto (AFI), profesores con doctorado, porcentaje de carreras acreditadas, años de acreditación otorgados a las carreras, años de acreditación institucional y gasto por alumno.

La categoría “Universidades Docentes con Proyección en Investigación” incluye solamente a instituciones creadas después de 1980, con un gran predominio de aquellas pertenecientes al Consejo de Rectores. Las universidades del Desarrollo, Diego Portales y Santo Tomás son las únicas privadas de este grupo. Los valores promedios de los diversos indicadores de “perfil académico” estudiados superan a los del grupo de instituciones puramente “docentes”, lo que sugiere que efectivamente se trata de proyectos académicamente distintos. Dado que la mayoría de estas universidades hacen parte del Consejo de Rectores y, por lo mismo, tienen acceso a fondos basales y a otros fondos para el desarrollo institucional, es altamente probable que, en un futuro próximo, varias de ellas opten por crear doctorados. De hecho, a juzgar por el nivel de publicaciones internacionales que ya han alcanzado algunas, por ejemplo las universidades Diego Portales, del Biobío o del Desarrollo, es posible que ya cuenten con algunos grupos de investigación maduros como para crear programas de doctorados acreditables.

Comparativamente, la categoría “Universidades de Investigación y Doctorados en Áreas Selectivas” representa el grupo más heterogéneo en cuanto a la dispersión de ciertos valores, como el número de programas de doctorado y de publicaciones anuales indexadas internacionalmente. Entre ellas están las universidades Técnica Federico Santa María y Católica del Norte, ambas de vasta trayectoria. Los valores promedios de los diversos indicadores de perfil académico de este grupo son superiores a los del grupo de universidades “Docentes con Proyección en Investigación”, pero en algunos casos las diferencias son mínimas. Por ejemplo, años promedio de acreditación de las carreras. Esto último indica que en muchos aspectos son universidades académicamente equivalentes.
Es posible que varias de las instituciones pertenecientes a este grupo contemplen la posibilidad de continuar creando doctorados y diversificando las áreas del conocimiento que abarcan estos programas. Durante los últimos años, la Universidad Católica del Norte ha dado claras evidencias de moverse en esa dirección. Es posible que las universidades de Talca y de La Frontera le sigan los pasos, a corta distancia. Tal como manifiesta el ritmo de incremento anual de sus publicaciones, todas ellas están ampliando sus actividades de investigación en forma muy dinámica. Otras, como las universidades Técnica Federico Santa María o Adolfo Ibáñez, en razón de sus respectivas misiones institucionales, es muy probable que continúen ampliando el número de programas de doctorados, pero limitándolos a dos o, tal vez, tres áreas del conocimiento.

Finalmente, hay un cuarto grupo denominado “Universidades de Investigación y Doctorados“, en el que las actividades de investigación y formación de doctores han alcanzado una cierta envergadura. Estas instituciones también han adquirido la capacidad de desarrollar nuevos productos y servicios que, en un segundo paso, pueden ser transferidos a las empresas para su aplicación comercial. En la jerga de la innovación, son instituciones descritas como de I+D+i. Es decir, de investigación, desarrollo e innovación.

Las universidades de investigación y doctorados superan al resto de los grupos en los valores promedio de los indicadores antes mencionados. Éstas son universidades que existían antes de 1980 y, por lo tanto, tienen una larga trayectoria institucional. Además, son aquellas que se benefician con los más altos aportes directos, o “fondos basales”, entregados por el Estado. Entre ellas están las universidades de Chile y Católica de Chile, ambas creadas en el siglo XIX, las más prestigiosas de nuestro país y, por lo mismo, las más selectivas.

Solamente seis instituciones universitarias de nuestro país pueden considerarse “de investigación y doctorados” con cierta capacidad de I+D+i. Dos de ellas pertenecen al Estado: las universidades de Chile y de Santiago, y cuatro son privadas: las universidades Austral, Católica de Chile, Católica de Valparaíso, y de Concepción (todas pertenecientes al Consejo de Rectores).