Liz Reisberg

El propósito de la educación superior: ¿saber o saber hacer?

Los tiempos exigen un cambio drástico del modelo universitario y eso es algo que no es posible seguir postergando.

Liz Reisberg

Liz Reisberg
Reisberg and Associates Boston, EE.UU.

Hace más de diez años, estuve en México colaborando en un proyecto para la “modernización” de una universidad estatal.

Durante esa tarea, el tema que provocó más controversia fue la reforma de los programas de estudio de pregrado, que eran rígidos y recargados de contenidos que buscaban maximizar todo lo que un futuro economista, arquitecto, físico o ingeniero civil podía aprender sobre su profesión.

En tal contexto, mi propuesta de flexibilizar los planes de estudio para que los estudiantes tuvieran la posibilidad de conocer materias de otras carreras o, incluso, de otras facultades, combinándolas con los temas específicos, sonó como una blasfemia.

Tiempo después, trabajando en otros países de América Latina, pude constatar que esa realidad reflejaba la experiencia de formación profesional que ofrecen casi todas las universidades de esa región.

Desgraciadamente, en este campo es muy poco lo que ha cambiado durante la última década. En el mundo de hoy, donde la capacidad de innovar es más importante que nunca, me pregunto si esa formación universitaria “tradicional” entrega a los egresados los conocimientos y competencias que necesitan los respectivos países para progresar.

Parece sorprendente, por ejemplo, que ella insista en la memorización de datos y no considere los avances de la tecnología informática. A este propósito, Tony Wagner, profesor de Ciencias de la Educación en la Universidad de Harvard, desafía a sus audiencias de las charlas TED (“TED talks”) a nombrar las 50 capitales de los estados que integran su país en menos tiempo de lo que él se demora en encontrarlas en Google.

Con este ejercicio, el profesor Wagner quiere evidenciar que hoy lo importante no es lo que un egresado “sabe”, sino lo que “sabe hacer” para obtener información o enfrentar y resolver un problema.

Preparar a los estudiantes para “saber hacer” involucra darles a conocer la complejidad del mundo actual. Pocos profesionales van a trabajar en una disciplina que no está influenciada por otras áreas del conocimiento. Además, hay destrezas básicas que son necesarias para todas las carreras.

¿Cuál es la mezcla adecuada de conocimientos provenientes de varias disciplinas que promueven las destrezas necesarias para “saber hacer”?

Años atrás no era evidente la posibilidad de relacionar la biología con la ingeniería, pero hoy la bioingeniería es una carrera y área de investigación sumamente importante. Lo mismo ocurre en varios otros campos del saber.

Tenemos que levantar las barreras entre áreas de estudio. No podemos seguir definiendo los contenidos de las carreras profesionales como si fueran fórmulas o recetas magistrales.

Más bien, tenemos que definir “la esencia” de la carrera, lo que todo profesional que trabaja en ese campo debe saber y disminuir el número de requisitos específicos para dejar espacios que permitan a cada estudiante diseñar un programa de estudios acorde con sus intereses e inclinaciones.

Estoy convencida que hay pertinencia mutua en el derecho y la poesía, el medio ambiente y la antropología, las matemáticas y la música, y que los resultados educativos para las personas y la sociedad serán generaciones con más capacidad creativa e intelectual.

Reitero mi creencia de que los actuales programas de estudio no son suficientes para ese fin. La docencia dirigida a un auditorio de personas que pasivamente toman notas no contribuye al desarrollo de nuevas capacidades. Será necesario incorporar dinámicas innovadoras en el aula para que los estudiantes desarrollen nuevas destrezas. Eso implica que las universidades apoyen la aplicación de nuevas pedagogías, como la enseñanza entre pares (“peer learning”), la enseñanza basada en equipos (“team based learning”) y la enseñanza basada en proyectos (“project based learning”).

Los tiempos nos exigen un cambio drástico del modelo universitario y eso es algo que no podemos seguir postergando.

Exclusivo para “El Mercurio” y G.E.A Universitas