Rankings y Polémica
El tema de la calidad académica y de los rankings comparativos ha sido motivo de grandes controversias. En primer término, se cuestiona el concepto de “calidad académica” desde el punto de vista de las definiciones e indicadores con los que se pretende cuantificar este tipo de calidad. Sin duda, se trata de un tema no resuelto, pero también se dice que “aunque no se pueda definir, la calidad académica se reconoce cuando existe”.

En el ámbito internacional parece predominar la opinión de que un gran proyecto universitario se construye sobre tres pilares básicos: la calidad de los estudiantes, la calidad de los académicos y la calidad de la gestión institucional, a la que es menester agregar como elemento insoslayable la buena disponibilidad de recursos económicos. Sin embargo, no hay consenso sobre cómo medir la valía de cada uno de estos aspectos y qué ponderación debería darse a cada uno de esos factores al intentar evaluar la calidad de una institución.Por otra parte, hay quienes plantean una objeción radical al concepto de calidad antes descrito, argumentando que la única medición válida de calidad institucional sería la cuantificación del “valor agregado” que una institución entrega a sus estudiantes. Desde esta perspectiva, sería mucho más meritorio y de mejor calidad el trabajo de una universidad poco selectiva que, con pocos recursos, transforma en muy buenos profesionales a estudiantes provenientes de establecimientos públicos y subvencionados, que el de una universidad muy selectiva que, con muchos recursos, obtiene resultados análogos con jóvenes provenientes de establecimientos privados. Se trata de un punto de vista interesante, pero a pesar de sus méritos, igualmente difícil de abordar por razones de tipo metodológico.Sobre esta base de discusión conceptual y metodológica, no debe sorprender que los estudios comparativos sobre la calidad académica de las universidades o rankings causen tanta controversia. Sin embargo, ya tienen una larga historia y nadie duda de que se han transformado en parte del panorama de la educación superior en la mayoría de los países, incluyendo Chile. Esto porque cumplen una función de utilidad pública al orientar a los usuarios potenciales.

Incluso, a juzgar por el impacto de los rankings mundiales de universidades en el mundo académico y en los medios de comunicación, este tipo de estudios ha comenzado a llamar la atención de los líderes políticos y a influir en las políticas públicas de diversos países industrializados. Uno de los efectos de los rankings internacionales ha sido promover el concepto de “universidad de clase mundial”, una idea que ha tenido alta penetración en ambientes académicos.En general, las principales controversias suscitadas por los rankings de universidades, tanto nacionales como internacionales, han sido por la metodología utilizada. Las mayores críticas se concentran en tres aspectos principales:
a) El uso de las grandes universidades de investigación y sus perfiles académicos como paradigma comparativo, lo que deja en una situación desfavorable a las pequeñas instituciones concentradas en áreas selectivas.
b) La alta ponderación que se da a elementos subjetivos y de prestigio, como opinión de pares académicos, de estudiantes o de representantes del mundo laboral.
c) La alta ponderación que se otorga a aspectos históricos o cuantitativos, estos últimos asociados principalmente al número de profesores, lo que favorece a las instituciones más antiguas y de gran tamaño en detrimento de las más jóvenes y de menor tamaño.Tratando de salvar estas limitaciones y sesgos metodológicos, el ranking presente se enmarca en las recomendaciones del International Ranking Expert Group (IREG), un grupo de investigadores que, valorando la utilidad de los rankings, se ha propuesto promover su perfeccionamiento metodológico.

Por consiguiente, adoptando las recomendaciones del IREG, este ranking de universidades chilenas que aquí presentamos considera como aspecto primordial la calidad académica de éstas y utiliza exclusivamente indicadores objetivos, numéricos, emanados de fuentes oficiales, públicas y verificables. A lo anterior, se agrega un aspecto necesario para validar cualquier comparación entre universidades, la categorización previa, que en este caso propone Universitas. Esto implica reconocer como válida la heterogeneidad del sistema universitario y su diversidad de funciones. Es decir, el hecho de que algunas universidades han sido creadas para dedicarse a la docencia de pregrado y están organizadas para cumplir con esa finalidad. Otras, en cambio, han querido desarrollarse en el ámbito de la investigación y los doctorados.

Desde esta óptica, se trata de un enfoque de calidad académica más en la línea no sólo con las recomendaciones del IREG, sino con el criterio de calidad que usa la mayoría de los sistemas de aseguramiento de la calidad del mundo: la congruencia entre la misión y objetivos que se ha definido una institución con su organización, funcionamiento y recursos humanos y materiales. Todo esto en el marco del cumplimiento de ciertos estándares básicos.