Pedro Pablo Rosso

Un ranking y más

Tal vez más interesante que los cambios en las ubicaciones individuales es el panorama general que revelan los resultados.

Pedro Pablo Rosso

Pedro Pablo Rosso
Director Grupo de Estudios Avanzados Universitas

El año pasado presentamos una clasificación y ranking de calidad de las universidades chilenas con el propósito de ilustrar algunas realidades de este ámbito, ayudar a los postulantes al sistema universitario en su elección y contribuir al desarrollo de políticas públicas. La idea era “transparentar” la diversidad de perfiles académicos de las instituciones que integran ese sistema y señalar las marcadas diferencias que ellas presentan en cuanto a la calidad de sus programas de estudio.

Esta información generó un gran interés, lo que se manifestó en un número de visitas al sitio web del ranking que bordeó las 180 mil. Igualmente favorable fue la reacción de la comunidad académica.

Hoy entregamos en esta edición el Ranking de Calidad de las Universidades Chilenas 2013. Como era esperable, los resultados obtenidos en esta segunda versión, tanto en los rankings de calidad de la docencia de pregrado y en los por grupos según clasificación de las universidades, son, en general, parecidos a los del año 2012. Esto indica, en primer término, que el método utilizado para construir el ranking es reproducible, lo que representa un significativo elemento de confiabilidad.

Más allá de este hecho, vale la pena destacar dos aspectos. El primero se refiere a la falta de cambios en la composición de los grupos de universidades definidos por nuestra clasificación (páginas 4 a 9). Esto indica que ninguna de las universidades incluidas en el estudio ha experimentado cambios significativos en cuanto a crear nuevos programas de doctorado o en el número anual de publicaciones indexadas internacionalmente. Estos indicadores son utilizados en la clasificación para definir los grupos taxonómicos.

Sin embargo, la imagen de esta aparente “estabilidad” del sistema contrasta con las variaciones observadas en los distintos rankings, las que revelan diferencias en el dinamismo con que cada universidad lleva adelante sus planes de desarrollo.

Aunque ese aspecto se manifiesta claramente en el Ranking por Grupos, es evidenciado con mayor intensidad por el Ranking de Calidad de la Docencia de Pregrado. En este último, solo permanece inmutable el bloque de las cinco instituciones que en 2012 encabezaron la lista.

En el resto de los tramos se observan cambios de posición de apenas uno o dos lugares, siendo la excepción los ascensos experimentados por las universidades Del Desarrollo, SEK, De Antofagasta y De Viña del Mar, y los descensos de las universidades De Atacama y UTEM.

Aparece también bajando de ubicación la Universidad Alberto Hurtado, que a diferencia de las anteriores, mejora su puntaje 2012, pero es superada por los mayores incrementos de varias de las universidades que el año pasado ocupaban las posiciones inmediatamente inferiores a ella.

Tal vez más interesante que estos cambios en las ubicaciones individuales es el panorama general que revelan los resultados de la versión 2013 en relación con los del año anterior. En efecto, al comparar los valores promedio generales para cada dimensión considerada, se observa una leve, aunque significativa, alza de los mismos, especialmente en calidad de los académicos y calidad de los procesos formativos. Esto significa que el sistema, como un todo ha experimentado un cambio positivo, principalmente por la expansión del cuerpo académico contratado por más de media jornada y por el porcentaje de académicos con doctorados, tendencia que resulta muy evidente en algunas instituciones.

Aunque es prematuro sacar conclusiones definitivas, la tendencia del cambio observado sugiere que el sistema universitario chileno podría estar evolucionando favorablemente hacia etapas de mejor calidad con respecto a su oferta educativa.

Después de tres décadas de crecimiento sostenido, con frecuencia impulsado por proyectos universitarios voluntaristas o motivados por consideraciones de mercado más que por razones académicas, el sistema parece estar ajustándose a las exigencias de una mayor calidad por parte de los usuarios y por las de un sistema de aseguramiento de la calidad que, pese a sus limitaciones y ripios, ha dado señales tan potentes como el cierre de una universidad autónoma y la pérdida de la acreditación institucional de otra.

Parece que, finalmente, estamos avanzando por el camino correcto.